Historia personal

Sobre mí

Soy Nicolas Tizeira. Tengo 28 años y construyo tecnología desde antes de entender del todo qué significaba construir tecnología.

Hoy soy founder, fui CEO de Equixis hasta su adquisición vía M&A, estoy construyendo nuevos proyectos en salud digital y tecnología, y sigo intentando entender algo que me acompaña desde chico: cómo se conectan las cosas, las personas y los sistemas.

Nicolas Tizeira en una presentación profesional

Mi primer recuerdo fuerte con la tecnología no fue frente a una computadora programando. Fue con un libro.

Tenía 8 años cuando agarré por primera vez un libro de topología de redes. No lo elegí porque entendiera demasiado. Probablemente entendía bastante poco. Lo que me atrapó fueron los dibujos: computadoras conectadas, líneas, nodos, diagramas que parecían explicar cómo algo invisible podía unir sistemas, personas e información.

En esa época investigaba todo lo que podía en internet con conexión por línea telefónica, de esas donde cada página cargaba con paciencia obligatoria. Era lento, ruidoso y limitado. Pero para mí era una puerta enorme.

Ahí empezó una obsesión que todavía sigue: entender cómo funcionan las cosas por dentro, cómo se conectan entre sí y cómo se pueden usar para construir algo que otros realmente necesiten.

A los 14 años participé junto a Marcelo Marcon en Tierras del Sur, creando mapas para el servidor en Visual Basic 6. No estaba solamente haciendo mapas: estaba construyendo espacios donde otras personas iban a interactuar, explorar, competir, frustrarse, quedarse o volver.

Fue una de mis primeras formas de entender que la tecnología no es solo código. También es experiencia, reglas, comunidad, contexto y operación.

Mi secundaria fue en el Casal Calviño, una escuela técnica de Parque Avellaneda. No era una escuela orientada a computación, y quizás justamente por eso me marcó de otra manera.

Me formó como persona. Me dio estructura, oficio, límites, valores y una preparación muy concreta para el mundo real. En una etapa donde uno todavía está definiendo quién es, esa escuela me ordenó el camino.

Nicolas Tizeira en el Casal Calviño, escuela técnica de Parque Avellaneda
Nicolas Tizeira en el Casal Calviño — escuela técnica con un profesorNicolas Tizeira en el Casal Calviño — escuela técnica con una profesora

Casal Calviño no me enseñó computación. Me enseñó oficio, límites y mundo real.

Vengo de una familia de recursos limitados, así que muchas cosas no estaban garantizadas. Había que empujarlas. Esa combinación de restricción, escuela técnica y curiosidad terminó formando una parte importante de cómo trabajo: hacer con lo que hay, aprender rápido, resolver problemas reales y no esperar condiciones ideales para empezar.

Escuela Naval Militar Argentina

También aprendí que la disciplina sin criterio propio no era mi camino.

Antes de la universidad también pasé por la Escuela Naval Militar.

Deserté.

No porque no valorara la disciplina, sino porque descubrí algo de mí que después se volvió muy importante: no me hallaba siguiendo órdenes sin poder cuestionarlas. Necesitaba entender el porqué de las cosas. Necesitaba preguntar, discutir, proponer, construir criterio propio.

Con el tiempo entendí que esa incomodidad no era rebeldía vacía. Era una señal. Yo no funcionaba bien en estructuras donde obedecer era más importante que pensar. Y emprender, de alguna forma, fue el camino donde esa tensión encontró un lugar más natural.

Después pude licenciarme en la Universidad de Palermo en Tecnologías de la Información y estudiar en Stanford. Para mí eso no fue solamente una credencial académica. Fue una forma de cruzar mundos: venir desde una escuela técnica de barrio, con una historia familiar de esfuerzo, y sentarme después a estudiar estrategia, tecnología, innovación y negocios en espacios que antes parecían muy lejanos.

Ese recorrido me enseñó algo que después se volvió central en mi carrera: la tecnología nunca se construye en abstracto. Se construye dentro de un contexto. Y el contexto cambia todo.

Profesionalmente pasé por IBM, donde incorporé rigor, procesos y una forma más estructurada de pensar tecnología en entornos corporativos. Después vinieron mis propios intentos. Antes de Equixis e HiSalud tuve cuatro startflops: startups que no funcionaron. Proyectos que empezaron con entusiasmo, hipótesis y ambición, pero que chocaron con mercado, timing, ejecución o falta de claridad.

Durante mucho tiempo uno tiende a esconder los fracasos. Hoy los veo distinto. Esos intentos me enseñaron a mirar mejor los problemas, a desconfiar de las ideas que suenan demasiado bien, a validar antes de enamorarme de una solución y a entender que construir una empresa es mucho más que construir un producto.

Equixis fue un punto de inflexión.

La lideré como CEO hasta su adquisición vía M&A. La venta no fue algo que salimos a buscar. Fue una oportunidad que apareció, y como muchas decisiones importantes, no se resolvió en una planilla.

Se resolvió con conversaciones difíciles, con mis socios, con la almohada y conmigo mismo.

Cuando finalmente ocurrió, sentí un mundo de emociones. Lloré. Me sentí realizado. Sentí orgullo por lo que habíamos construido. Pero también sentí que estaba perdiendo a mi bebé: una compañía que había levantado con esfuerzo, errores, noches largas y decisiones que no siempre fueron fáciles.

Ese proceso me enseñó una de las lecciones más importantes de mi vida profesional: hay momentos para todo. Incluso para hacerse a un costado.

Aprendí que uno puede transformarse en el ancla de su propia compañía. Que ser buen CEO no es aferrarse al cargo, sino entender qué necesita la empresa en cada etapa. A veces eso significa liderar. A veces significa vender. Y a veces significa reconocer que alguien con más experiencia puede continuar mejor el legado que uno empezó.

Soltar Equixis no fue abandonar algo. Fue aceptar que mi ciclo ahí había terminado.

En el camino también aparecieron personas que cambiaron la forma en que construyo.

A Agustín lo conocí casi por coincidencia, en una startup que terminó siendo otro aprendizaje. Los dos transitamos una decisión difícil: seguir empujando algo que ya no nos representaba del todo o elegir otro camino. En esa tensión apareció una sociedad que después se volvió mucho más que trabajo.

Nos fuimos de esa startup, pero no nos fuimos separados. Empezamos a proyectar cosas juntos. Algunas hoy las seguimos impulsando como socios; otras, simplemente como amigos. Hay vínculos que aparecen en momentos raros y terminan ordenando una etapa entera.

Nicolas Tizeira con Agustín, socio y amigo

Hay personas que aparecen como coincidencia y terminan ordenando una etapa entera.

Nicolas Tizeira con Brenda en IncuBAte

Algunas miradas te ayudan a entender mejor el mercado, pero también a entenderte mejor a vos.

Brenda también llegó a mi camino en IncuBAte. En poco tiempo se hizo querer mucho. Conectamos rápido, desde lo humano y emocional, pero también desde una mirada muy fina del ecosistema emprendedor.

Aprendí, y sigo aprendiendo, mucho de ella: cómo pararme frente al ecosistema startupero, cómo validar intuiciones con una mirada más sensible del mercado y cómo no perder de vista que detrás de cualquier proyecto también hay personas, vínculos, miedos y afectos.

Con Brenda compartimos muchas cosas personales, pero una de las más fuertes fue el amor por nuestras mascotas. Fue una persona que marcó un antes y un después en mi camino emprendedor.

Hay algo curioso que veo en muchos founders: tarde o temprano terminan cerca de deportes de riesgo, montaña, velocidad, resistencia o actividades que te obligan a convivir con la adrenalina.

No sé si es casualidad.

Tal vez construir una startup y subir una montaña activan algo parecido. En ambos casos hay incertidumbre, riesgo, preparación, soledad, cansancio, belleza y una pregunta de fondo: ¿hasta dónde puedo llegar?

La montaña me da algo que también encuentro en construir empresas, pero de una manera más pura. Ahí no importa el pitch, el cargo, la narrativa ni lo que uno dice que puede hacer. Importa cómo te preparaste, cómo leés el clima, cómo administrás energía, cómo cuidás al equipo y cómo decidís cuando el contexto cambia.

Paisaje de montaña — Nicolas Tizeira en cumbre

La montaña no negocia con tu ego.

Hice cumbres como Tronador, Ojos del Salado, Volcán Lanín y Aconcagua. Cada una me enseñó algo distinto, pero todas me recordaron lo mismo: la voluntad sirve, pero no alcanza. Hay que tener humildad.

Quizás por eso la montaña me mantiene vivo, motivado y conectado con algo más grande que el trabajo. Porque se parece a emprender, pero sin la vanidad del ecosistema.

Montaña de nochePaisaje de montaña — ascenso

La incomodidad no es una excepción: es parte del camino.

La montaña no negocia con tu ego.

También soy amante de los animales. Vivo con Loki, mi perrijo, y gran parte de mi sensibilidad hacia los proyectos que construyo viene de ese vínculo.

Los animales te enseñan otra forma de responsabilidad. No hablan nuestro idioma, no negocian, no hacen pitch, no entienden de urgencias laborales. Dependen de nosotros de una manera silenciosa y absoluta.

Nicolas Tizeira con Loki, su perro
Loki de cachorro

Los animales enseñan una forma silenciosa y absoluta de responsabilidad.

De ahí también nace mi interés por proyectos como Reencuentro: tecnología aplicada a algo profundamente humano, que es cuidar, encontrar, proteger y volver a unir.

Me interesan los proyectos donde la tecnología no aparece como protagonista, sino como puente. Un puente entre una persona y su mascota, entre un paciente y un médico, entre una familia y una solución, entre un sistema roto y una experiencia un poco más humana.

Hoy sigo construyendo en la intersección entre salud, tecnología, datos, operación y modelos de negocio. HiSalud es una parte importante de esa etapa, pero no la única. También pienso y trabajo sobre iniciativas como MedOS, VetOS, Comedica, Reencuentro y otros proyectos donde aparecen los mismos temas de fondo: acceso, confianza, interoperabilidad, operación, incentivos y experiencia.

No me interesa hablar de innovación como slogan. Me interesa entender qué funciona, qué no, quién paga, qué incentivos existen, qué restricciones aparecen y qué decisiones sobreviven al contacto con la realidad.

Nicolas Tizeira en el Club Atlético Atlanta

Algunas lealtades no necesitan demasiada explicación.

Fuera del trabajo soy de Libra, hincha del Club Atlético Atlanta, practico judaísmo y disfruto mucho de los animales, la montaña, el café y los salones de té. Me gustan los lugares donde se puede pensar sin apuro. Quizás porque buena parte de mi vida profesional se mueve en el extremo contrario: urgencia, presión, incertidumbre y decisiones que rara vez tienen información completa.

La tecnología me interesa cuando mejora algo concreto. Cuando ordena. Cuando conecta.

Este sitio nace de esa mezcla: tecnología, salud, startups, errores, montaña, animales, operación y aprendizaje real.

Escribo para ordenar ideas, pero también para compartir lo que voy aprendiendo con founders, equipos técnicos, ejecutivos, inversores y personas interesadas en construir con más criterio y menos humo.

No escribo desde afuera. Escribo desde la trinchera.

“Notas desde la Trinchera”

Una newsletter sobre salud digital, arquitectura tecnológica, startups e incentivos del sistema sanitario latinoamericano. Escrita desde la experiencia real de construir productos en una industria compleja.

Resumen de articulos y novedades del mercado quincenales. Sin humo. Solo experiencia, criterio y trinchera.